Algunos datos que quizás no conocías de los rayos

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Con la llegada de las lluvias los rayos vuelven a montar su escenario de temor celestial. El impacto de un rayo y el ruido que lo acompaña constituye una de los eventos más pavorosos experimentado por nuestra especie. En nuestra memoria más oscura y antigua quizás los seguimos relacionando con algo terrible, iracundo e inexplicable que nos reclama desde arriba.

El poeta español Juan Ramón Jimenez describía al cielo tormentoso que producía rayos como “un corazón malo”. Todavía hoy con todo nuestro adelanto científico, no los podemos explicar del todo, pero sabemos, o creemos que sabemos, un poco sobre ellos.

La sentencia de los rayos

Un artículo de la BBC expone algunos datos sobre este inquietante fenómeno atmosférico. Uno de sus condiciones más sorprendentes es la frecuencia con la que caen. Las trazas hacen sentir su presencia en este mundo más de 17 millones de veces al día, lo que equivale a unas 200 veces por segundo.

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Nada más con esta característica se pudiera decir que nuestro planeta es un cuerpo de rayos. Su velocidad de 115.000.000 kilómetros alcanza a los humanos diez veces más a menudo de lo que debería ser según las leyes del azar. Los rayos impactan en Estados Unidos a 400 personas al año.

Uno de los mitos es que los rayos siempre caen en la parte más alta de los edificios. Pero resulta que no es cierto. Esto se debe a que los rayos no siempre caen. A veces salen del suelo y van hacia el cielo. Esos rayos son conocidos como ascendentes. Gracias a los avances en fotografía, se han podido estudiar mejor, aunque siguen guardando secretos.

Realmente, no entendemos del todo el fenómeno de los rayos. Sabemos que se producen cuando se acumula electricidad estática en las nubes, pero desconocemos cuál es la causa para que esto ocurra. Las mediciones de ese campo eléctrico hechas desde aviones y globos parecen mostrar que es demasiado pequeño para iniciar un rayo: 10 veces menor de lo que los modelos teóricos señalan que debería ser.

Campanas rompe rayos

Hasta finales del siglo XVII, en Europa se creía que el repique de las campanas dispersaba los rayos. Por ello muchas campanas de iglesia llevaban la inscripción Fulgura Frango o «Rompo Rayos”. Cuando venía una tormenta, los campanólogos se dirigían hacia el campanario más cercano, que solía estar en el lugar más alto del pueblo.

Hoy en día, se considera que por ello era el peor sitio donde estar. Y lo era: sólo en Francia, entre 1753 y 1786 (cuando la costumbre fue prohibida) 103 campanólogos murieron pues les cayó un rayo.

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A pesar de todo el rigor científico de su estudio, los rayos guardan su velo de mensajeros de un destino. En la República Democrática de Congo en 1998, cayó un rayo en una cancha de fútbol durante un partido. Todos los integrantes del equipo visitante murieron fulminados por esa muerte de designio divino. Todos los jugadores del equipo local sobrevivieron

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