Descubre de qué se trata el desafío del malvavisco y qué demuestra

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 Muchos padres han montado vídeos en las redes sociales de niños menores de seis años realizando el desafío del malvavisco. El reto ha alcanzado a países latinoamericanos y europeos por igual. A primera vista parece un desafío más de tantos que se ponen de moda en Internet. Sin embargo mucho más está en juego.

Los vídeos muestran a los niños sentados frente a un malvavisco o cualquier dulce o golosina. Se le advierte que sólo podrá comerlo en presencia de un adulto. Este se retira de la escena diciéndole que lo podrá comer en cuanto regrese. Si logra esperar pacientemente frente al dulce recibirá otro como premio. Lo que los pequeños ignoran es que su están siendo grabados y que son protagonistas del desafío del malvavisco.

Frente al desafío del malvavisco

El adulto afirma que volverá pronto, que será solo cuestión de algunos minutos y recalca al niño que debe esperar. Algunos padres gritan desde el cuarto contiguo, “estaré de vuelta enseguida, recuerda que no debes comerlo”.

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En los videos del desafío del malvavisco, los adultos esperan distintas cantidades de tiempo para regresar junto a sus hijos. Al volver, le preguntan al niño si efectivamente esperó. La actividad implica además compartir en las redes los vídeos de cómo se comportaron sus hijos en su ausencia.

Experimento psicológico

Puede ser divertido contemplar el proceso de la tentación infantil, pero en realidad se trata de un experimento psicológico. Fue diseñado el siglo pasado, en los años 60 con el fin de predecir tendencias en la conducta futura.

El responsable de lo que ahora llamamos desafío del malvavisco es el psicólogo austríaco Walter Mischel. El investigador lo realizó con niños a los que les dio seguimiento 14 años después. El objetivo era estudiar la gratificación retrasada, con lo que buscaba predecir el éxito que tendrían los niños en el futuro.

Saber esperar

La gratificación retardada o retrasada está relacionada con la capacidad de autocontrol. Por esto se les ofrecía a los niños una gratificación inmediata o esperar y obtener una recompensa posterior. En el experimento participaron 16 niños y 16 niñas de entre 3 y 5 años.

Mischel postulaba que aquellos que podían esperar y así lograr la recompensa, mostraban una mejor estrategia cognitiva. Para saberlo era necesario seguir a estos precursores del desafío del malvavisco.

Conducta futura

El psicólogo comprobó 14 años después que quienes no fueron capaces de esperar tenían una personalidad problemática. Mostraban baja autoestima, menor tolerancia a la frustración y calificaciones menores que el promedio de los que supieron esperar.

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Años más tarde, el investigador incluso confirmó más rasgos positivos en quienes habían esperado para obtener la segunda golosina. Presentaban mejores resultados laborales y puestos de trabajo, e incluso menor índice de masa corporal.

De modo que el desafío del malvavisco resulta una especie de vistazo al futuro de una vida. Es considerado como un predictor de la conducta a largo plazo. Ha sido replicado por distintas Universidades estadounidenses y los resultados siguen siendo los mismos.