No buscar la felicidad es la mejor estrategia para encontrarla

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Para asimilar con sobriedad la idea de la felicidad ayuda la referencia de Abderramán III. Este era el Califa de Córdoba en el siglo X, un hombre muy poderoso de grandes logros y honras. Su posición le permitía disfrutar de dos harenes. Estaba cómodo. Hacia el final de su vida, sin embargo, decidió contar el número exacto de días en los cuales se sintió feliz. Sumaban exactamente 14.

Y es que la búsqueda de la felicidad en su forma más popular constituye un estado inalcanzable. David Robson, de BBC Future, desmonta la famosa patraña y explica por qué perseguirla puede ser contraproducente.

El peligro de buscar la felicidad

Las últimas investigaciones científicas sugieren que la búsqueda de la felicidad puede causar el efecto contrario. Incluso puede llegar a provocar sentimientos de soledad, estrés y fracaso personal. Una verdadera trampa.

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Esto puede explicar el estrés y la decepción que algunos sienten durante ocasiones especiales como cumpleaños, navidades o Año Nuevo. Son momentos claves en los cuales se corre el velo y dejan ver “el desierto de lo real”.

Iris Mauss, Profesora de la Universidad de Berkeley, en California, Estados Unidos, fue una de las primeras psicólogas en explorar científicamente esta idea. «Dondequiera que mires, ves libros sobre cómo la felicidad es buena para ti. Y cómo, básicamente, debes alcanzar la felicidad, casi como un deber», asegura.

En función de esto, la gente puede marcarse estándares muy altos para lograr su propia felicidad. Pueden pensar que deberían ser felices todo el tiempo, o extremadamente felices. Eso puede hacer que las personas se sientan decepcionadas con ellas mismas.

Su búsqueda nos hace egoístas

La psicóloga ha demostrado que el deseo de la felicidad también puede aumentar los sentimientos de soledad y desconexión. La atención se centra en uno mismo en lugar de apreciar a las personas que están alrededor.

Sam Maglio, de la Universidad de Toronto (Canadá) y Aekyoung Kim, de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos) encontraron otro efecto nocivo. Puede hacernos sentir que el tiempo para alcanzar dicha meta se nos está acabando.

La felicidad, explica Maglio, es una meta nebulosa y conmovedora. Es muy difícil sentir que has alcanzado la felicidad máxima e incluso si te sientes contento, deseas prolongar esos sentimientos.

El resultado es que siempre sientes que puedes hacer algo más para ser todavía más feliz.»La felicidad pasa de ser algo agradable a algo oneroso en lo que tengo que seguir trabajando una y otra vez», afirma Maglio.

Tóxicas comparaciones

Maglio señala que las redes sociales nos hacen especialmente conscientes de cómo es la vida de los demás. Por eso pueden aumentar nuestro deseo de vivir una vida más feliz y emocionante que la propia.

«Si te hacen recordar constantemente como un amigo disfruta de viajes exóticos o cenas elegantes, funciona como un recordatorio de que otras personas son más felices que tú. Esto hace que la felicidad se fije de nuevo como un objetivo», explica Maglio.

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Por otro lado, Mauss dice que las investigaciones científicas también han demostrado lo bueno de los sentimientos negativos. Las personas que los aceptan son capaces de que, en lugar de tratar de luchar constantemente contra ellos, acaban por sentirse más satisfechos con su vida a largo plazo.

Como un animal tímido

Por estas razones, aconseja adoptar una actitud más estoica ante los altibajos de la vida. Que se acepten los malos sentimientos como momentos fugaces en lugar de tratar de eliminarlos por completo.

Mientras tanto es saludable tener en cuenta que la felicidad es como un animal tímido. Una vez que dejas de perseguirla, posiblemente aparezca.