Ver pornografía desgasta parte del cerebro y lo infantiliza

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Una actividad con tanto auge como ver pornografía posee una capacidad de impacto en la conducta humana difícil de precisar. Si bien es cierto que sus orígenes son muy antiguos, con el desarrollo de internet, la pornografía ha alcanzado una dimensión omnipresente. Desde el lenguaje publicidario hasta el reggaetón, la pornografía inunda la contemporaneidad.

Parte de este impacto se nota en los cambios que ha generado en la conducta sexual tal como la conocemos. Especialmente en las consecuencias que puede acarrear desde un punto de vista neurológico. Un vistazo a esas implicaciones lo realiza Rachell Anne Barr, estudiante de Postgrado de Neurociencia de la Universidad Laval para The Conversation.

Ver pornografía infantiliza

El desgaste de la corteza prefrontal es una de las consecuencias relacionadas con ver pornografía. La gravedad de este efecto radica en como afecta a la función ejecutiva. Esta es la encargada del dominio de la moralidad, la fuerza de voluntad y el control de los impulsos.

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Para comprender de forma precisa el papel de la función ejecutiva en el comportamiento, es importante saber que se encuentra subdesarrollada durante la infancia. Por esta razón a los niños les cuesta tanto regular sus emociones e impulsos.

El daño de la corteza prefrontal en la edad adulta se conoce como hipofrontalidad. Esta “infantilidad cerebral” predispone al individuo a exhibir una conducta compulsiva y a tomar malas decisiones.

Hábito depresivo

La ciencia está dando aún sus primeros pasos en la investigación de las consecuencias neurológicas de ver pornografía. Sin embargo se sabe que la salud mental y la actividad sexual de su amplia audiencia están experimentando efectos sumamente negativos. Entre ellos se pueden identificar la depresión y la disfunción eréctil.

A largo plazo, el porno parece provocar disfunciones sexuales. Esto se manifiesta especialmente en forma de incapacidad para conseguir erecciones o para alcanzar el orgasmo al mantener relaciones con otra persona. Igualmente, el grado de satisfacción con la relación y el compromiso con la pareja también pueden verse afectados.

Como las drogas

Para explicar los efectos de ver pornografía, algunos científicos han establecido paralelismos entre el consumo de pornografía y el abuso de sustancias. Las explosiones de placer y recompensa, cuando son antinaturales, generan potentes niveles también antinaturales de habituación en el cerebro.

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Las escenas pornográficas, como ocurre con las sustancias adictivas, son desencadenantes hiperestimulantes que producen una secreción antinatural de altos niveles de dopamina. Esta condición puede deteriorar el sistema de recompensa de la dopamina e inutilizarlo de cara a fuentes de placer naturales. Este es el motivo por el cual los consumidores de pornografía experimentan dificultades para excitarse en compañía de su pareja.

Con estos resultados resulta paradójico que ver pornografía pueda devolver a nuestras conexiones cerebrales a una etapa temprana. Sin embargo, lo que resulta realmente irónico es que el porno prometa satisfacción y gratificación sexual pero proporcione todo lo contrario.