El aumento imparable de la demencia: el otro reto de la salud

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La demencia es un término general para una serie de condiciones, con una variedad de causas, de las cuales la más común es la enfermedad de Alzheimer. Esta representa el 60-80% de los casos. Normalmente comienza con olvido y una leve pérdida del funcionamiento cognitivo. Pero a medida que avanza, la gente pierde la capacidad de cuidarse a sí misma.

Según un artículo de The Economist, actualmente alrededor de 50 millones de personas sufren algún tipo de demencia. Se espera que para 2030 el número supere los 80 millones; y que para mediados de siglo esté por encima de los 150 millones. En tres décadas, el número de personas aquejadas por algún tipo de deterioro cognitivo, Alzheimer principalmente, se triplique.

La demencia en alza

La demencia constituye un reto inmediato para la salud. El Alzheimer ya se encuentra entre las diez patologías más mortales del mundo. En los países más desarrollados, aquellos cuya población está más envejecida, el alcance del problema es descomunal. Esto plantea enormes exigencias en materia de cuidados. Exigencias que requieren de financiación y personal.

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Por otra parte, resulta muy preocupante que la enfermedad se incrementará en el futuro. Sin que podamos hacer demasiado para evitarlo. La principal explicación al aumento de la demencia en todo el mundo es el crecimiento de la esperanza de vida, muy en especial en los países en vías de desarrollo.

Más casos en el futuro

Hoy los estados ricos, que son los menos poblados, y los menos desarrollados disponen de un número similar de enfermos, unos 30 millones de personas. Esto se traduce que en el futuro la población de los segundos se multiplicará por tres.

En cualquier caso, la demencia es un problema de fondo que todos los países tienen que afrontar. En torno al 8% de las personas mayores de 60 años sufren demencia, y cada vez hay más y más personas sobre ese umbral de edad. Los enfermos necesitan cuidados (en el hogar o en centros de día o permanentes), y los cuidados cuestan dinero. ¿Cómo financiarlo, cuando los estados ya tienen dificultades para dotar de un presupuesto generoso a sus sistemas sanitarios?

Japón, como en casi cualquier cuestión relacionada con el envejecimiento de la población, tiene una respuesta. Desde el año 2000, los mayores de 40 años deben sufragar un seguro médico especial destinado a asistir a las personas mayores de 65% años con necesidades especiales.

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La cuantía del impuesto varía, pero se ubica en torno al 2% de la renta. Alrededor del 17% de su abundante población anciana (35 millones) se beneficia del programa, que pese a todo no es autosuficiente a nivel financiero.

El aumento de la demencia está planteando un desafío descomunal y urgente para todos los países. Se trata de un problema insoslayable, pero al mismo tiempo de fondo, soterrado, no prioritario en la agenda pública.