La intervención del mercado de las VTC duplica precios e incita a la especulación

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Todos los mercados tienen sus complejidades, sin embargo, el de las licencias de VTC (Vehículo de Turismo con Conductor) adquiere un grado superlativo. Esta afirmación se debe a la cantidad de transacciones de compra y venta de diferente índole que cada día llevan a cabo decenas de oferentes y demandantes. Estos intercambios van desde meras licencias a ‘paquetes’ que incluyen clientes, coches, empresas de inversión en el sector, alquileres…Este mercado tiene una oferta restringida que atrae a muchos inversores y que invita a los que atesoran estas licencias a disparar sus precios de venta.

El 20 de noviembre de 2015, el Gobierno de Rajoy publicó un real decreto -justo un mes antes de que se celebrasen las elecciones generales- por el que aprobaba «limitaciones al otorgamiento de nuevas autorizaciones para el ejercicio de esta actividad de transporte». Esta medida, quizás motivada por el ansia electoralista, provocó que instituciones -como la CNMC- asociaciones -como Unauto- y empresas afectadas -como Uber y Cabify- recurrieran dicha normativa. En el polo opuesto, taxistas y algunos consistorios jaleaban la nueva medida. Tres años después, el Tribunal Supremo dictó sentencia: «Aunque la Administración no ha ofrecido una justificación razonada a esta cifras, consideramos proporcionado que exista una licencia VTC por cada 30 taxis».

«Es una medida completamente desacertada. Poner frenos al libre mercado y a la libertad de entrada únicamente provoca que haya factores de producción sobretribuidos (por encima del precio de mercado) y que irá detrimento de los consumidores», dice el economista Coll Morales, que prosigue, «debemos fomentar la competencia más en este país, pues es la vía para solucionar muchos de los retos que enfrenta España en los próximos años. Por último, el economista cree que «liberalizar el sector, y fomentar la libre competencia, es la vía para alcanzar la mejor solución para los consumidores».

El número total de licencias VTC que hay en España es, según el último informe del Ministerio de Fomento, de 17.219. Sin embargo, éstas están distribuidas de manera desigual por todo el territorio. Así, Madrid concentra la mayoría de ellas -con casi 8.000 permisos-, seguido de Barcelona -con 2.644- y Málaga, con 2.240. Estas tres provincias aventajan al resto de manera sustancial. De hecho, los siguientes territorios con mayor número de VTC son: Sevilla -con 450-, Valencia -con 431- y Baleares, con 417 permisos. Cabe resaltar que hay algunos territorios de la península -como Zamora y Soria- que solo tienen una licencia en toda la provincia.

Teniendo en cuenta el número limitado de estas licencias, sorprende que el número de oferentes sea tan elevado. Cada hora el tablón recibe cuatro o hasta cinco nuevas ofertas de compra y venta de licencias. Éstas se dan en todos los puntos del territorio: desde Andalucía hasta Aragón. Los que interactúan en este mercado reconocen que «el mercado se está moviendo mucho». Un gestor experto en ‘casar’ la oferta y la demanda en dicho mercado afirma que «lo que se ha notado es que hay muchas personas que quieren comprar y eso ha incentivado la venta».

Desde que el Estado intervino y estableció un límite en el número de licencias, la especulación ha irrumpido de manera significativa. Javier, que participa en este mercado, asegura que «compra» las licencias con el fin de «arrendárselo» a otra persona. Para él, se trata de «una inversión muy fructífera porque el mercado es muy volátil». Sin embargo, ahora mismo llevar a cabo esta transacción no parece que sea lo más recomendable porque, según dice otro comprador de licencias, éstas «han subido su precio en dos años en más de un 50%».

La especulación y la restricción de oferta, como en cualquier mercado, se acaba trasladando al consumidor final. Así, los precios finales se han vuelto más inestables con variaciones de hasta 10 euros por un mismo trayecto, dependiendo del momento (pueden ser unos escasos cinco minutos) en el que se demande el servicio. El otro coletazo adverso ha sido el tiempo de espera por parte del usuario. En determinadas zonas, la media ha pasado de estar en torno a los 3 ó 4 minutos a llegar al doble, alcanzando los 9 ó 10.

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