¿Qué significa ser gris sexual, la identidad sexual de difícil definición?

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En un pasado reciente definirse gris sexual resultaría algo completamente incomprensible. Entonces las apetencias sexuales entraban en categorías más simples. La generalidad aceptaba lo que en teoría sexual se conoce como marco binario. Pero gradualmente fueron ganando espacio otras sensibilidades. Ser no-binario se convirtió en otra designación válida.

Alfred Charles Kinsey, fue un biólogo norteamericano que revolucionó la sexualidad con su famoso cuadro de espectro sexual. Sus parámetros cubren la dualidad heterosexualidad-homosexualidad. Las implicaciones de su escala de sexualidad las recoge un artículo de Magnet.

Alguien al 50% de esa escala sería un bisexual puro. Una mujer que, por ejemplo, se sintiese habitualmente atraída por los hombres y esporádicamente por las mujeres, sería una heterosexual con una ligera tendencia a la homosexualidad. Ser gris sexual estaría según la escala definido por la orientación gradual de la escala.

Ser gris en una escala

Si a la escala de Kinsey se le añade un tercer eje que represente la atracción sexual, entonces se visualiza con más precisión el significado de ser gris sexual. Hay en ese registro personas asexuales, que nunca se sienten atraídos físicamente por nadie. O personas «grises», que sienten excitación en momentos muy concretos y bajo determinadas circunstancias.

La Red de Educación y Visibilidad Asexual (AVEN por sus siglas en inglés) lleva décadas visibilizando la condición de personas asexuales. También incluye aquellas personas con distintos grados de intensidad sexual a los que no estamos acostumbrados.

Esta gama de ser gris sexual por supuesto, tiene sus propios problemas para ser aceptada. Por ejemplo, que muchas personas asumen que no tener apetencia sexual es debido a frigidez (es decir, una patología). Tampoco son célibes, o no su mayoría. Además, no es lo mismo no sentir atracción por nadie que no tener apetito sexual. No son gente enferma o incompleta, sólo son distintos a la mayoría.

Todos en algún punto

El descubrimiento de los asexuales permite ver una nueva dimensión de la sexualidad de todo el mundo. Es un nuevo eje donde se desplaza la condición de ser gris. Así que, así como somos heterosexuales, homosexuales, bisexuales o algo cercano a cada uno de estos compartimentos. Todos estamos en algún punto en la escala de atracción sexual.

Si sientes una atracción común, eres alosexual. Si sientes poca, asexual. Con estas cuestiones nunca viene mal recordar que no es lo mismo la expresión de género (cómo te identificas a ti mismo en función del género, hombre, mujer, transgénero, etc.) que tu deseo sexual (el tipo de personas que te atraen y lo que hemos visto arriba).

Actualmente proliferan personas que se presentan con distintas y novedosas fórmulas de sensibilidades sexuales. Los científicos aún no se han puesto de acuerdo con la lógica de todas estas etiquetas. Sobre la sexualidad y el género, se entremezclan componentes de biología y construcción social. Desde el punto de vista semiótico, estas etiquetas son útiles. Reconocemos y le damos más valor simbólico a aquello que tiene nombre, y los nombres ayudan a la supervivencia de la idea misma.

Por otra parte, algunos analistas consideran que estas etiquetas son un apelativo moderno de autoexpresión. El sexo se ve como algo menos vinculado al parentesco y a la reproducción y más a la expresión individual y la formación de vínculos íntimos con más de una persona. Es, de alguna forma, el rechazo de millones de individuos al orden reproductivo y social por el que nos hemos regido durante siglos.