La porfiria, la enfermedad que pudo haber originado el mito de los vampiros

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Quizás la clave para esclarecer el origen de la vieja leyenda de los vampiros se encuentre en la porfiria. Un trastorno sanguíneo que lleva afectando a los humanos durante milenios. La enfermedad se propagó entre la nobleza y la realeza de Europa del Este, un terreno fértil para la tradición de las oscuras criaturas.

Los cuentos de los vampiros sin duda son más antiguos que los cuentos de Bram Stoker sobre el Conde Drácula. En 1819, John Polidori, un físico italiano-inglés, publicó una novela llamada El Vampiro. Sin embargo, el texto de Stoker se convirtió en el símbolo de lo que hoy en día conocemos como vampiros.

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Es posible que la existencia de los famosos chupasangres se explique por la porfiria. Un artículo de Magnet, explica la relación de esta enfermedad y las criaturas nocturnas. El autor, Michael Hefferon es profesor auxiliar del Departamento de Pediatría, del Queen’s University, Ontario.

La porfiria vampírica

Hefferon especifica que la porfiria es un trastorno sanguíneo hereditario que hace que el cuerpo produzca menos hemoproteínas. Estas proteínas son un componente importante de la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno de los pulmones a los tejidos corporales.

Parece probable que este trastorno sea el origen del mito de los vampiros. De hecho, la porfiria se conoce a veces como «la enfermedad de los vampiros». Sus síntomas coinciden con las características y conducta atribuidas a los caballeros nocturnos.

La porfiria provoca extrema sensibilidad a la luz solar, produciendo desfiguración facial, piel ennegrecida y crecimiento del cabello. Además de la desfiguración facial, los ataques repetidos de la enfermedad hacen que las encías se retraigan, exponiendo los dientes y haciendo que parezcan colmillos.

Beber sangre para compensar

Adicionalmente la porfiria hace que la orina de los enfermos sea de un color rojo oscuro, de ahí que el folclore llegara a la conclusión de que los enfermos bebían sangre. De hecho, algunos médicos recomendaban a sus pacientes beber sangre para compensar el defecto de sus glóbulos rojos. Sin embargo a la recomendación se refería al consumo de sangre animal.

Es muy probable que estos pacientes, que sólo salían de noche para evitar la luz del sol, fueran juzgados por buscar sangre. Su aspecto desfigurado con colmillos sobresalientes pueden haber inspirado las historias populares sobre vampiros.

La desfiguración facial causada por la porfiria empeora con el tiempo y la mala oxigenación hace que se destruyan los tejidos faciales. Sería normal que los enfermos de porfiria evitaran los espejos. Sin embargo el mito, el mito extendió esta sufrida condición al hecho de no ver su reflejo en los espejos.

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En cuanto a la aversión al ajo, el contenido de azufre del ajo podría llevar a un ataque de porfiria, lo que provocaría un dolor muy agudo. Eso explicaría que los dolientes evitaran a toda costa el contacto con esta “contra”.

Vampiros quemados

Durante la Inquisición Española (1478-1834) unos 600 «vampiros» fueron quemados en la hoguera. Algunos de estos vampiros acusados eran inocentes enfermos de porfiria. De ahí que las personas que padecían la enfermedad tuvieran buenas razones para temer la fe y los símbolos cristianos.

La porfiria sigue siendo incurable y el tratamiento es principalmente paliativo. Control del dolor, fluidos y evitar fármacos y productos químicos que provoquen ataques agudos. Se han conseguido algunos avances gracias al trasplante de células madre.

 

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