¿Saben los perros cuando se han portado mal? (+Video)

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Atribuirles a los perros la capacidad para distinguir entre el bien y el mal puede crear grandes malentendidos con nuestras mascotas. Ni siquiera nuestra propia especie puede establecer con propiedad la frontera entre estas dos dimensiones morales. ¿Están los perros en posición de tener conciencia de las “malas” acciones?

Nacho Sierra, Terapeuta de Conducta del Hospital Mediterráneo de Madrid, esclarece las dudas sobre este difícil dilema. Sus observaciones las recoge la página El Mundo del Perro.

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Malinterpretar a los perros

De entrada, Sierra afirma que asumir que los perros saben cuando se han portado mal es una mala interpretación de su conducta. Los perros no pueden saber qué es el bien o el mal porque su ce su tipo de inteligencia difiere de la nuestra. Ellos dan respuestas condicionadas emocionales de alegría o de miedo en función de los gestos, voces y acciones que aprenden de su dueño.

Esto hace que nosotros interpretemos que un perro está contento porque decimos “sabe que va salir a la calle”. El perro está contento porque hay un estimulo asociado a un estímulo positivo que se produce de forma habitual y éste le provoca estar contento. En ellos no existe el futuro, tan sólo un presente inmediato condicionado por el pasado. E igualmente por un estado de ánimo que fue a su vez asociación en el pasado.

Los humanos tendemos a humanizar la conducta de los perros e interpretamos las suyas como si fueran nuestras. Cuando llegamos a la casa y vemos que, por ejemplo, el perro ha roto algo solemos reaccionar con un gesto de desagrado o un castigo. Este gesto quedará asociado a nuestra presencia en una situación similar.

La próxima vez, el perro reaccionará con miedo al no poder saber en qué estado de ánimo llegamos, con independencia a que haya hecho algo malo. Muchas veces los perros anticipan su respuesta de miedo o alegría, y aprenden a diferenciar cuándo venimos enfadados o no sólo por los gestos verbales y no verbales que todos realizamos cuando algo no nos gusta.

Si hacemos la prueba de recibir a nuestro perro con alegría, como un día normal, ante la presencia de uno de esos actos no deseados, veremos que el animal rápidamente se alegrará.

Seis segundos para asociar

El perro, por mera capacidad asociativa, no es capaz de entender dos sucesos que no se produzcan seguidos en el tiempo. Su límite máximo de asociación de seis segundos (tiempos medidos en laboratorio).

Es decir, cuando el dueño llega a casa y reprende al animal, ya ha pasado dicho tiempo de más para que el animal no pueda asociarlo. Castigar o premiar a los perros al llegar a casa por algo que ocurrió anteriormente a nuestra presencia es un acto inútil y no recomendable

Una acción todavía utilizada por algunos propietarios desinformados es restregar el hocico en la orina que hizo su perro como supuesto castigo educativo. En primer lugar, aparte de ser un acto poco higiénico, no sirve absolutamente para nada. El perro no es capaz de asociar que la acción castigadora es consecuencia del acto que realizó.

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Los perros que son tratados de esa manera tienden a apartarse de sus dueños cuando llegan a casa. O a temerles sin ser capaces de entender el motivo de tan repulsiva acción. Los perros no sienten venganza, tampoco sienten envidia, odio ni rencor. Éstas son emociones humanas y no emociones caninas. Evidentemente, las tienen, pero son simples y básicas, como la alegría, el miedo, el alivio y la tristeza.