¿Problemas con la paternidad? Quejarte de tu hijo no es la solución

Quejarte tiene su utilidad, pero también un montón de consecuencias negativas, sobre todo si nos quejamos de nuestros hijos delante de ellos.

Quejarte
Foto: Bebes y Más

Según la publicación de Bebes y Más, escrito por la psicóloga Mamen Jiménez, este tema es para los padres que la paternidad los lleva a un nivel de desespero y no encuentran una salida, cuando dicen: el niño no hace caso, que es despistado, al punto de decir “fíjate qué cansado es ser madre o padre”.

Hay quienes creen que decir comentarios negativos, de sus hijos, delante de terceros puede ser hasta gracioso. Pero la realidad es que es algo desagradable que puede tener consecuencias en el pequeño.

La experta señala que guardarse las cosas nunca fue una buena estrategia (lo que se guarda debajo de la alfombra al final se convierte en una montaña con la que tropezaremos sí o sí).

Pero de ahí a darle formato de queja y más hacerlo delante de los propios niños, hay un camino muy largo y poco saludable.

Añadió que cuando un niño escucha a sus padres quejarse de él lo vive como su fuera un total y absoluto fracaso, porque el hecho de que se esté verbalizando algo negativo suyo y que, además, se lo estemos transmitiendo a terceros, hace que el efecto negativo de la se potencie.

Jiménez explicó que los chiquillos se sentirán ridiculizados y lo que es peor, no entenderán por qué papá o mamá dicen eso de ellos. El poder de aprendizaje que tiene explicarles las cosas y el mostrarles qué esperamos que hagan se diluye completamente cuando lo que hacemos es quejarnos.

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Foto: Bebes y Más

Hay quien hace de la queja un estilo de vida

La psicóloga le aconseja a los padres que intenten ponerse en su lugar de sus hijos e imaginen, cómo deben sentirse cuando haces este tipo de comentarios.

Refirió un ejemplo: «Imagina que estás en una reunión con muchas personas. Allí están tus amigos, compañeros de trabajo, familia y entonces escuchas cómo tu pareja, tu madre o tu mejor amiga, les habla a los demás de lo desastre que eres con la puntualidad y lo harta que está de que llegues tarde».

Todos te miran mientras esa persona narra todo un repertorio de veces en las que tu impuntualidad le ha molestado. Y tú sin poder hablar. ¿Cómo te sentirías?

Reflexión: ¿no te parecería más productivo, más respetuoso y más sano para tus emociones, el que esa persona te comentara esto en privado y te diera la oportunidad de explicarte y cambiar tu conducta? Pues eso es lo que hacemos muchas veces con nuestros hijos cuando nos quejamos de ellos… delante de ellos.

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Foto: Bebes y Más

No te quejes ni en privado ni en público

La clave está en hablar en privado con los hijos, permite educarlos, darle información acerca de cómo se sienten en un momento dado acerca de su conducta y otra muy diferente es quejarnos de él.

La queja no da la opción a que el pequeño aprenda nada positivo, directamente lo convierte en receptor, en objeto de crítica, y eso es muy poco recomendable.

Como padres queremos que nuestros hijos sean autónomos, que tengan una buena autoestima y que sean capaces de gestionar su vida, ¿verdad? Pues quejarnos de ellos, en público o en privado, es una estrategia que va exactamente en dirección contraria a esto.

Es una estrategia que no funciona

Si los niños ven quejarse a los padres, lo van a asumir como una conducta útil, y la van a replicar. «Si nosotros nos quejamos por sistema del trabajo, ellos se quejarán del cole, si nos quejamos del tráfico, ellos se quejarán del rato tan largo que llevamos en la cola del supermercado», añadió Jiménez.

Verbalizar el malestar, decirlo en voz alta, es algo sano. Guardarlo hace que se sientan  mal, solo sirve para potenciar y generar una “bola de nieve emocional” cada vez más grande, cada vez con más frustración.

Sin embargo, una cosa es externalizar el malestar y otra muy diferente es quejarse sin filtros. La queja, cuando es solo eso, queja, al aire, es algo poco funcional, no nos ayuda en nada.

Quejarte
Foto: Referencial

En muchas ocasiones detrás de una queja lo que hay es una demanda real, una necesidad que ha de ser cubierta, aseguró la experta.

El problema es que quejarse de los hijos, un niño que no tiene capacidad de entender ni gestionar esa queja, solo consigue hacerle daño. Porque no, nuestro peque no va a cambiar su conducta solo porque nos ha escuchado quejarnos.

Así que la próxima vez párate y tómate un minuto antes de quejarte. ¿Tiene solución la cosa? ¿Qué podemos hacer para mejorar la situación? Piensa un momento en el impacto que van a tener tus palabras en tu hijo. ¿Pasamos de la queja? ¡Bravo!

Quejarte
Foto: Referencial

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